¿Qué es la holografía?

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La holografía

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La holografía es una técnica basada en las propiedades de la luz coherente (interferencia y difracción) por las que se generan figuras interferenciales. Éstas se utilizan para reconstruir imágenes en tres dimensiones. Aunque se compara con la fotografía, en realidad ambas tecnologías son muy diferentes. Si bien las dos juegan con propiedades de materiales fotosensibles, mientras la fotografía registra solamente la amplitud de la onda (que da información de la intensidad), la holografía es capaz de registrar en el material tanto la amplitud (intensidad) como la fase (profundidad). De este modo, en un holograma queda registrada toda la información de la onda incidente. Este proceso permite, por ejemplo, que un holograma reproduzca imágenes tridimensionales, mientras que una fotografía es bidimensional.

¿Para qué sirve un holograma?

El potencial de la holografía es infinito conjugado con otras tecnologías y campos científicos. La aplicación de los hologramas al campo de la seguridad forma parte de la vida cotidiana: billetes bancarios, tarjetas de crédito y documentos de identidad incorporan hologramas para evitar su falsificación.

En una de sus otras múltiples aplicaciones, un holograma puede funcionar como dispositivo óptico, al igual que lo hacen lentes o espejos. Por ejemplo, con el diseño adecuado, un holograma es capaz de manipular la luz para concentrarla o separarla en diversos tramos del espectro. Lo consigue además de forma mucho más sencilla y económica que con otros sistemas ópticos, para los que algunas aplicaciones se tornan incluso imposibles. El guiado de la luz por reflexión total interna (TIR) dentro de un medio óptico, partiendo de ángulos de incidencia pequeños, es un ejemplo de ello. Este guiado sería imposible sin la difracción posibilitada por el holograma.

Breve historia de la holografía

Dennis Gabor, doctor en ingeniería eléctrica de origen húngaro, investigaba en 1947 sobre un método para mejorar la resolución y definición del microscopio electrónico cuando se encontró por casualidad con un interesante método para formar imágenes. Puesto que las imágenes mostraban un objeto al completo y no solamente una perspectiva, llamó a su descubrimiento holografía, un compuesto de la palabra griega “hólos” (completo) y el sufijo “grafía” (escritura). No fue hasta 1971 que Gabor recibiera el Premio Nobel en Física por este gran descubrimiento en óptica.

La invención del láser en 1960 permitió que el físico ruso Yuri Nikolaevich Denisyuk consiguiera realizar en 1962 el primer holograma de reflexión. Paralelamente, y sin conocimiento previo de los trabajos de Gabor, los científicos estadounidenses Emmett N. Leith y Juris Upatnieks, redescubrían los principios de la holografía mientras trabajaban en un programa militar. Sus estudios sentaron los principios del holograma “fuera de eje”, es decir, idearon la técnica para un haz de referencia inclinado, desplazando así el haz de referencia fuera de la dirección del haz del objeto.

También en la década de los sesenta, Stephen Benton, científico del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), concibió en 1968 el holograma arco iris. Un holograma de transmisión que no necesita del láser para su reconstrucción y cuya fabricación industrial puede realizarse mediante el procedimiento de estampado. La principal aplicación de su descubrimiento se ve representada en los hologramas de seguridad.

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